miércoles, 6 de octubre de 2010


Dulzura de sentirse cada vez más lejano.
Más lejano y más vago…
Sin saber si es porque las cosas se van yendo
o es uno el que se va.
Dulzura del olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla…
Dulzura de sentirse limpio de toda cosa.
Dulzura de elevarse y ser como la estrella inaccesible y alta,
alumbrando en silencio…
En silencio,
¡Dios mío!…

Dulce Maria Loynaz

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